Capullo

voy a pintar el cielo de gris

no sé
me va la lluvia

charcos de lluvia de barro podrido
en las manos cansadas de nada

la piel hundida húmeda fría
marcada ya de las gotas

¿sabés?
así estoy ahora

disfrutando la humedad de la tierra y de la carne
y de los huesos y de la sangre

sangre de barro rojo en humedales imaginados
como la menstruación que nunca tuve

blancos frágiles mojados los huesos
que se llenan de movimiento interno

barro podrido y arcilla incipiente es mi cuerpa
que moldeo desde la base del deseo

hago y rehago de mí misma
arte propia y renacimienta

cuando salga voy a abrir las alas para verte
aunque seas mi desierto y mi muerte

y cada palabra mía se pierda en el viento

La verdad

crece
se abre
sale
aparece
permanece
(un instante)
luego
de nuevo
se esconde
regresa
detrás del velo
vuelve
en canto de sirenas
acude
pero se va
promete
pero se va
y se oculta
para siempre
como mi sombra
mi fantasma


Pendino, S. (2016). Poética de la sombra. [ebook] Bahía Blanca, p.4. Disponible en:https://issuu.com/sarahpendino/docs/po__tica_de_la_sombra_-_sarah_pendi.

Relato para el insomnio (3)

Fluye mi conciencia.
Madrugada de verano.
Cinco gaviotas en este momento abandonan el basural. Sus alas son blancas-de-sal-de-mar-atlántico. Apenas salga el sol estarán posadas en el techo del edificio del frente, que da al canal.
El silencio no es tal toda vez que el viento hace su aparición. Las voces siguen en la esquina, esta vez también sus cuerpos.
Por la puerta un barrial de la lluvia de la semana pasada. Las lombrices piden entrar. Hunden sus cabezas pequeñas en el fango, junto a la abertura de metal.
Las moscas duermen. Todos duermen.
No dejo de pensar en esa imagen de las gaviotas aban-donando el basural, ese charco majestuoso de cosas que ya no sirven. Parece que es tiempo de abandonar los lugares, de salir, de escapar.
Fluye mi conciencia por las imágenes inundadas de barro, de agua-no-cristal, de viento, de polvo y de nada.
Mañana tomaré tres litros de agua. Tres litros de agua por ver si ya pasa la deshidratación de mi sueños, la deshidratación de mis ganas y de mi deseo. Como si fantasmas hubiesen exprimido una naranja, así está mi deseo. Vacío, seco, sin jugo, solo unas pocas semillas y lo que nadie más come.
Pero las alas de las gaviotas son blancas. El barro es marrón. Y el viento no tiene color ni temperatura.
El reloj del pasilla sigue su curso. 4:06 y ya lo he dicho casi todo. Porque en apenas un instante, en este habitáculo de espejos que se funden y se cruzan, acontece todo lo que puede pasar durante una noche entera.
Me visitan insectos, de todos los tamaños y especies. Arañas invisibles del tamaño de un plato; hormigas blancas en las paredes blancas, indistinguibles; gusanos blancos en el fango que va a pleamar; mosquitos, diminutos mosquitos acosan la lámpara, la heladera, la pantalla y todo lo que no hay.
04:10. La piel comienza a resquebrajarse. Gusanos salen de mi piel y de mi carne, y de mi sangre y de mis huesos, que si los aprieto se deshacen como un trozo de arcilla seca en mano.
Caigo en el suelo, mi cerebro se derrite. El fango me cubre. Cubre mi pies, primero, mis piernas, el torso, hasta llegar a los ojos. Solo mis ojos quedan descubiertos, mientras miles de gusanos hacen su fiesta y su salsa. Y todos los insectos vienen a parar a lo que es mi hogar desde hace poco más de dos años.
Espero poder ver las alas blancas de las gaviotas bailando a través de los espejos de mi cuerpa.

Pendino, S. (2016). Poética de la sombra. [ebook] Bahía Blanca, pp.24-25. Disponible en: https://issuu.com/sarahpendino/docs/po__tica_de_la_sombra_-_sarah_pendi.

Relato para el insomnio (1)

La noche se parte en dos.
Vos seguís mirando por la ventana del décimo piso. La ventana, la vieja ventana rajada por el-viento-de-una-tarde-fría-de-un-invierno-lejano.
Las luces de los autos no están. La ciudad se apagó con el paso de las horas.
¡Si mirás allá, no es lo mismo! ¡Esa esquina no es igual que las demás! Esa esquina tiene algo especial, como una especie de magia auditiva y visual. Ahí van a parar todas las voces que se callan. Se concentran las voces de la noche, suaves voces acumuladas en el aire de una esquina improvisada.
Gritos también de quienes no pueden dormir en paz. Suspiros, risas, llantos. Y silencios. Miles de silencios también, que aturden tus oídos.
Estirás la mano por sentir el fresco de la madrugada y tu cuerpo sale al aire volando agitando la misma muerte. En dos o tres segundos vas a tocar fondo.
Vas a correr siguiendo esas voces porque son como las voces de la sirenas, con ese canto melancólico y nocturno, con ese canto que dice nada también, con esos gritos que claman las ausencias y las presencias.
Son las tres de la mañana: todo puede ocurrir.
Puede ocurrir que tu cuerpa.
Puede ocurrir que tu sangre.
Puede ocurrir que la misma vida se te cierre repentinamente y que vaya tu voz a la esquina y, con ella, tu sombra, a congregarse con las demás, como fantasmas que nadie ve que nadie escucha


Pendino, S. (2016). Poética de la sombra. [ebook] Bahía Blanca, pp.14-15. Disponible en: https://issuu.com/sarahpendino/docs/po__tica_de_la_sombra_-_sarah_pendi.

Fuzzy

mi rostro
    mis ojos
        mi pelo
            mi sonrisa
                mis manos
                    mis pies
                        mis piernas
                            mi piel
                                mi carne
                            mis huesos
                        mi sangre
                    mi cuerpo
                mi deseo
            mis sueños
        mi espacio
    mi silencio
mi vida
y mi tiempo

completa
mente

difusa


Pendino, S. (2016). Poética de la sombra. [ebook] Bahía Blanca, p.10. Disponible en:https://issuu.com/sarahpendino/docs/po__tica_de_la_sombra_-_sarah_pendi.

Nocturna

De niña te imaginaba
del tamaño de esta nuez
te medía cerrando un ojo
y entrabas cómoda
entre el índice y el pulgar.

Siempre ahí, fija y radiante
como mirando
como esperando
como guardando
nuestro secreto.

Justo esta noche te fuiste
justo esta noche plasmada
de lirios y soledades
ocaso de un respirar pausado
que pulsa desde recuerdos
que desdibujan cualquier paisaje
mientras esta almohada toma su forma.

Ya me denota tu ausencia:
no es lo mismo cuando no estás.
Imagino un día, un mágico día,
en que estés radiante, vos también,
por la mañana y juntas todo el día
hasta fundirnos en una misma carne.

Luna, blanca redonda y Lorca,
Arenas también clamó por vos.
Fiel compañera, eterna testiga
sigo acá sin verte
apenas tu reflejo en el agua
de todos mis recuerdos
o en la simulación más grande
en el origen de todas mis sombras.


Pendino, S. (2016). Poética de la sombra. [ebook] Bahía Blanca, pp.11-12. Disponible en:https://issuu.com/sarahpendino/docs/po__tica_de_la_sombra_-_sarah_pendi.